México, D.F a 20/05/2012

“El diario de ron”: Gonzo Año 1

“El diario de ron”: Gonzo Año 1

Charly Reyes Velasco | Post Mortem

Todo personaje tiene su principio, incluso las leyendas literarias como el fallecido Hunter S. Thompson, conocido por su estilo ácido en todos los sentidos, y autor de “Miedo y asco en Las Vegas”, obra publicada por la revista Rolling Stone, que se volvió un referente de la contracultura norteamericana y del subjetivismo periodístico conocido con el mote de dicho galeno de letras, el periodismo Gonzo (sí, soy de los que piensan que Jim Henson bautizó a mi muppet favorito en honor a Hunter).

Si bien Johnny Depp encarnó previamente a Raoul Duke (otro alter-ego de Thompson) en la versión fílmica de Terry Gilliam de 1998, ahora en “El diario de ron” (que en nuestro México mágico titularon como “Diario de un seductor”, porque, total, Kierkedaard también es escritor y los libros son papel higiénico), vuelve a encarnarlo con el nombre de Paul Kemp en este proyecto, el cual también produce bajo la dirección de Bruce Robinson, conocido sólo por  Whitnail y yo (1987) y Jennifer 8 (1992)….Quien espere una pachecada como la cinta de Gilliam se va a desilusionar.

Me explico: “El diario del pisto” (¿a poco no suena más autóctono?) no es mala o aburrida, de hecho tiene momentos muy entretenidos entre las peripecias nada edificantes de Kemp y sus camaradas en la Costa Rica de 1960, a ritmo de una deliciosa banda sonora de Christopher Young (¡tan lejos de “Hellraiser” y tan cerca de Buena Vista Social Club!); pero es una cinta que no hará alucinar a quienes busquen un viaje psicodélico al fondo del Sueño Americano.

El argumento nos presenta al borrachín Kemp (¿quién dijo que beberse un centenar de botellitas del minibar es ser alcohólico?), el cual, harto de la sociedad conservadora del presidente Eisenhower,  llega a trabajar a San Juan, Puerto Rico, falsificando su currículum y sin hablar castellano, para ingresar al periodicucho para turistas americanos The San Juan Star, donde la consigna es no abordar temas profundos como la pobreza de la población indígena sino cubrir los campeonatos de boliche de los turistas gringos y otras actividades igual de banales, y cuyo personal es un catálogo de freaks desde su neurótico editor Edward J. Lotterman (Richard Jenkins), hasta sus impresentables colegas, el poco higiénico Bob Sala (Michael Rispoli) y el iluminado yonqui Moberg (Giovanni Ribisi).

¿Qué haces si eres un marginal veinteañero (edad en que Thompson escribió el libro) de Nueva York y “trabajas” en un paraíso tropical lleno de oportunidades para pasarla bien? ¡Beber todo lo que se te ponga enfrente, sea rol barato, mujeres o dinero fácil! …Hasta que la cruda se hace realidad y tienes que decidir entre salir de la mediocridad y luchar por tus ideales o abrirte de piernas y ganar un puñado de billetes mayor que tu sueldo.

Estamos ante lo que los especialistas llaman “un rito de pasaje”, la iniciación a la madurez, la sexualidad, la responsabilidad frente a uno mismo y la integridad personal, que la mayoría de las persona tenemos que experimentar en nuestras vidas…hasta aquellos que desde la locura aparente nos muestran el aspecto del mundo que pasamos de lado por incómodo…Y el reportar la realidad a partir de la experiencia personal y no del recuento de hechos.

De ahí que Paul Kemp se encuentre al mismo tiempo con la deseable güerita Chenault (la supernena Amber Heard), pareja del primer Bastardo que confrontará en su carrera de denuncia periodística, el gandallón empresario Hal Sanderson (un desaprovechado Aaron Eckhart, en un papel que daba para más), quien lo invita a apoyarlo con sus textos para fomentar el fraude de bienes raíces que está tramando con un grupo de socios ávidos de ganancias.

La tendencia americana de las precuelas a sus objetos de adoración popular (“Batman inicia” de Nolan, por ejemplo), han llevado al terreno de lo que antes era contracultural, y donde ni la figura mítica de Hunter Thompson es perdonada. Ahora todo tiene que ser explicado (“Aahh, es por eso que están raro y hace lo que hace”, exclamarán la mayor parte de los espectadores, 70% de los cuales serán féminas admiradoras de Jonhny D), hasta el cinismo literario y el consumo de drogas para abrir el bloqueo creativo, característicos del estilo de vida del mismo Thompson, cuyo libro en que se basa esta cinta fue publicado hasta 1998, pese a ser escrito 30 años atrás.

Lo que pudo plasmar un momento crítico en la vida de un ícono anti-stablishment se queda en una serie de episodios (algunos muy divertidos, hay que reconocerlo, como el del auto despedazado y la comprometedora forma de hacerlo arrancar), pero sin trascenderlos salvo en los momentos finales, donde Kemp encuentra lo solitario de su espíritu de lucha y vocación, quizá lo mejor de esta cinta, con la obligada escena final del antihéroe navegando hacia el firmamento, donde el fin de una historia es el principio de otra, como marcan los cánones de la causalidad fílmica.

Si van a verla, que sea acompañados por la persona que les mueve el tapete y con un buen surtido de fermentado de caña para disfrutarla; intelectuales de marca, yuppies, open-mind, hipsters y similares, absténganse y mejor tómense su café en Starbucks.

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