El Juicio Silencioso
Por José Leonardo Chapel
No cabe duda que han existido hechos singulares en la historia de la humanidad: el descubrimiento de América, la imprenta, la brújula y muchísimos más, consecuentemente, la repercusión es enorme: cambian las conductas y las percepciones de todo lo que nos rodea, el esquema de valores se acomoda de diferente manera y muchas veces, lo que llegó a constituir una verdad, pasó a ser tan cuestionado que llegó a declararse mentira; en ocasiones, llevándonos a nuevos juicios y por lo tanto, distintas leyes; sin embargo, dentro de la evolución natural, presenciamos situaciones comprometedoras que confunden: lo religioso, profundo y excelente, como valor integrado a la naturaleza humana, con un fanatismo lleno de mitos y engaños; o, con una información pobre, o, un jugoso negocio que para asilenciar la conciencia esconde la avaricia bajo el manto del ahorro y el derroche oculto con apariencia de generosidad; otras veces, se cree benignidad lo que es francamente una relajación. Sin más, se afina, sin consideración alguna, el prejuicio y la ligereza para desvirtuar personajes o instituciones que quieren dejar bondades a la comunidad, pero que han tenido la mala fortuna de albergar elementos muy negativos y de fácil reconocimiento por la maldad de sus acciones.
Es difícil precisar el momento en el que alguien deja caer a pequeñas gotas el veneno en el alma humana, las primeras víctimas: “Los Niños”.
Mil veces se repite que la formación religiosa es exclusiva de los padres y del núcleo familiar, quienes con buenos ejemplos ayudarán a formar personas coherentes, respetuosas, piadosas y así aunque haya vientos huracanados, los niños tengan fortaleza, no sucumban ni sean manipulados por nadie.
¿Porqué relegamos una responsabilidad tan trascendente?, ¿cómo es que comodinamente dejo filtrar pensamientos y acciones ajenas a mis ideales?, ¿sigo el precio de la escuela para llevar a mis hijos?, ¿justifico los maltratos, las faltas de respeto, las descalificaciones, por moda o por estatus?
Con muchas tristeza vemos en pleno siglo XXI métodos de enseñanza con tantas limitantes de pensamiento y de acción, donde se borra toda individualidad y sus talentos, se apaga plenamente la creatividad y en forma definitiva, la libertad se reprime con tintes criminales. ¿Porqué olvido que los niños escuchan y guardan información?, ¿cómo es que jóvenes actúan renegando de todo y para todo prejuzgando con crueldad sin medir roles, jerarquías, ni percepciones de los demás?, ¿dónde quedó la tolerancia?, ¿dónde se esconde el más común de los sentidos…”El Sentido Común”…?
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