Tysa: Yo elegí pintar
Entrevista de Salvador Heras | Factor
Mi nombre es Paulina y mi sobrenombre es Tysa; tengo 22 años, 6 de ellos dedicados por completo al graffiti. Soy originaria de la Ciudad de México. Gracias al graffiti he sido invitada a pintar alrededor de la República Mexicana, lugares como Monterrey, Guadalajara, Oaxaca, Saltillo, Torreón, Puebla, Querétaro y fuera del país como España, Rusia y Praga; creando conexiones, con diversos grafiteros, logrando así la mezcla perfecta : viajar pintando.
Yo no considero lo que hago “arte” ni “vandalismo”, yo le llamo graffiti y lo vivo como tal, pienso que es un proceso de actitud frente a la pintura. Poco a poco te vas involucrando y comprometiendo más con tu trabajo, que va evolucionando notoriamente junto con tu entorno. Pongamos por ejemplo, que ya tienes el material: unos botes, una cap y tu mascarita, tienes tu boceto y ahora te preguntas ¿dónde vas a pintar? No existe un espacio donde diga “graffiti libre”, tu tarea es buscar un lugar dónde hacerlo y después de que pintes todo tu cuarto, tu patio… seguirás con la escuela, tu barrio y el mundo entero. Sales a la calle en busca de lugares para pintar; a la gente se le olvida que es nuestra, la tienen muy olvidada, la transitan cada día sin observarla, sin disfrutarla.
No creo para nada que existan profesionales en el medio. La práctica hace al maestro, entre más pintas, más técnica encuentras (aquí le llamamos controlcan); cualquiera puede comprar un aerosol, pero lo increíble está en lo que puedes hacer con él. Hay gente que lleva 16, 19 años pintando (en otros países) y nunca han llegado a estar conformes con lo que hacen, se siguen superando cada día.
Hay “bandita” que tiene ya un estilo, eso te encamina y te abre muchas puertas; hay gente que gusta de pintar en espacios cerrados (galerías) y hay otros, como yo, que prefieren la calle. Para mi es exactamente lo mismo, la cosa es pintar. He tenido oportunidad de representar a México en eventos internaciones de mujeres graffiti. Me han publicado en libros, revistas, periódicos, he expuesto en museos y galerías de diferentes partes del mundo; pero eso no son más que consecuencias hermosas de disfrutar lo que haces. ¡Me siento halagada siempre! Dando gracias, así es como vivo.
En México se puede hacer de todo, pero con muchas limitantes, la principal: la mente cerrada del 70 por ciento de la población. Es increíble la cantidad de personas que les sigue pareciendo “dañino” hacer graffiti, que les sigue pareciendo “un delito”. En realidad esto no es una pelea contra la policía o el gobierno (no de mi parte), esto es una pelea interna, personal. Siempre he tenido problemas con la policía, pero lo considero parte de las consecuencias de hacer graffiti. ¡A veces hay misiones buenas, a veces malas!
Me decía un señor taxista: “Es que no respetan las casas, me pintan mi portón y tengo que gastar en pintura para limpiarlo”. Yo pasé 3 días en los separos por pintar un portón, me golpearon, me amenazaron, me robaron y pasé frío. Pero un día de esos en los que la magia anda en el aire, un fotógrafo francés pasó por la calle y le tomo foto al portón. Salió en un libro de graffiti internacional y gracias a esa foto pude conocer a personas de otros países y hacer una conexión hasta Europa. ¿Que si valió la pena, qué si lo volvería a hacer? Por supuesto que sí. Ese portón a mí no me decía nada y en 5 minutos cambió mi vida.
No se hace por “fregar” a los demás, se hace por demostrarte cosas a ti mismo, a tu gente y a tu entorno. Gracias al graffiti he aprendido a conocer mi ciudad y respetarla. Cuando pinto, además de tener la adrenalina y el corazón en movimiento, pienso en 100 cosas, pero no en si le gustará o no a la gente; pienso en qué puedo aportarle yo a la calle, porque es cambiarle la escenografía; la cosa es saber qué te gusta a ti y qué estas dispuesto a sacrificar por tenerlo entre tus manos.
La escena está creciendo por todos lados; hay más bardas y apoyos de galerías, museos y espacios culturales importantes. El graffiti está tocando la publicidad desde hace mucho tiempo ya, puedes ver tipografías graffiti anunciando en cajas de cartón juguetes, dulces…
Aquí sigue siendo muy difícil vender cuadros (hablo de pintores en general) puesto que la cultura está por los suelos. La gente si tiene 2 mil pesos, los gasta en una borrachera o en un celular que luego ni saben usar. No es por dinero, nunca ha sido por dinero, ese viene y va, pero pienso que si puedes vivir haciendo lo que más te gusta en el mundo, entonces eres un campeón.
En realidad no me interesa que la gente reconozca al graffiti o no, porque con o sin su reconocimiento, éste seguirá creciendo. Lo que me interesa en realidad, es que aprendan a observar. No pienso que este bien, ni justifico el hecho de pintar propiedad privada, pero tampoco me parece justo quedarte con las ganas y menos si puedes aportar algo de historia a tu calle, si puedes crear conexiones con la gente, lazos entre barrios, colores en medio de una ciudad gris.
Tú como yo o cualquiera tenemos derecho a expresarnos gritando, quejándonos, bailando… Mientras no existan espacios para pintar libremente, la “bandita” seguirá buscándolos y haciéndolos suyos, a esa gente no le importan los aplausos, le importa estar bien o mal pero estar, participar. ¡Movimiento, pues!
Un saludo a toda la “bandita” que sabe de qué estoy hablando y otro a los que antes de abrir la boca, se dan el lujo de observar.
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